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Título: Exilio
Estilo: Aventuras
 
 
Capítulo 1 versión 1
 

Autor: Scherazade


NATSUKO
En aquel momento no era completamente consciente del significado de lo que acababa de ver, pero algo me decía que aquellos que habían jurado estarían conmigo hasta la muerte. Dos días después de aquello, salimos en dirección de las montañas. Abandonamos toda prudencia. Creíamos que estábamos a salvo.

Nos equivocamos


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Eran unos diez. Los habían atacado al pasar por un estrecho desfiladero llamado acertadamente Paso Traicionero. La primera flecha había hallado su blanco en el brazo izquierdo de Natsuko. Inmediatamente, todos los soldados formaron un escudo a su alrededor. Ella murmuró un juramento. No necesitaba que la trataran como a una niña. Se abrió paso entre los soldados y cogió su ballesta. Pronto advirtió el destello de una nueva flecha. La esquivó fácilmente y sonrió para sí. El estúpido arquero desconocía los poderes ocultos de su ballesta La Atrapacorazones. Apuntó con el brazo derecho mientras controlaba al caballo con su dolorido brazo izquierdo. Disparó. Ante la mirada atónita de sus soldados, la flecha atravesó la roca detrás de la que se parapetaba el arquero desconocido. Un grito de sorpresa y dolor le indicó que había dado en el blanco.

-¡A mí, Urdin!- gritó ella, guardando la ballesta y desenvainando la espada al tiempo que surgían los demás enemigos. Se había olvidado del dolor. Solamente notaba la emoción de la inminente batalla.

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NATSUKO

No tomamos a ningún prisionero ni los interrogamos, simplemente los matamos a todos. Creo que teníamos miedo de las respuestas. Si volviera atrás… No, no puedo pensar en eso, pues entonces empezarán de nuevo los remordimientos, pues por mi culpa, por no querer conseguir información murieron hombres buenos y valientes. Pero de aquello salió algo bueno. Supe lo que era el amor…

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Natsuko apretó los dientes. El ungüento que en ese momento le echaba el capitán sobre la herida de la flecha sería muy efectivo, pero escocía como los demonios.

-Sois testaruda, lady Urdin
-Por favor, llamadme Natsuko, y tratadme de tú. Ahora ya no soy lady Natsuko Urdin, soy Natsuko.
-Está bien, pero llámame Takeshi


A Natsuko le pareció que el tono del capitán era condescendiente y se mordió los labios con furia. Cuando Takeshi acabó de aplicarle el ungüento alzó la vista.

-Deja el hombro al aire un rato- miró hacia el claro donde estaban los demás-. Será mejor que volvamos…- la miró de nuevo-¡Natsuko! Estás haciendo que te sangre el labio.


La muchacha se llevó un dedo al labio y lo retiró lleno de sangre. Miró a Takeshi a los ojos, y lo que vio en ellos la dejó sin aliento. Sin pensárselo, acarició su mejilla, dejando un rastro de sangre. Lo atrajo hacia sí y lo besó. Por un momento, en su mente apareció el rostro de su padre, moviendo tristemente la cabeza y repitiendo constantemente la palabra "honor", pero rápidamente esa imagen despareció. Ella decidiría si era honorable o no entregarse a Takeshi.

El capitán, por su parte, se dejó llevar. Parte de su mente se resistía, tal vez fuera una traición hacia su señor. Pero pronto desechó tal idea. "Cuida de Natsuko, sé que la amas". Eso había dicho el anciano conde de Urdin antes de suplicarle que lo matara y lo liberara del cáncer que le iba devorando lentamente por dentro. "Trátala con honor", había añadido, "que los dioses te bendigan, hijo mío".

"Trátala con honor… "

"Cuida de Natsuko…"


Cerró los ojos. Durante mucho rato, tal vez minutos, tal vez horas, solamente existieron para ellos mismos. Y en aquel momento, Natsuko hizo su propio juramento. Protegería a su compañero con su vida y hasta con su honor.

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