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A su alrededor todo se encontraba lóbrego, aquel encierro era capaz de asfixiarlo en una milésima de segundo sino controlaba el pánico de no entender donde se encontraba y que hacia en aquella inmersa oscuridad de donde no podía ni siquiera estirar el brazo o una pierna, sin antes haber tocado algo parecido a madera húmeda y desgajada, el olor era insoportable y la idea de tener que salir de ahí con vida era más desesperante aún. De repente pudo imaginarse que era esa especie de caja que lo rodeaba por ambos lados, ¡Si tenia que ser eso!, una especie de baúl, en donde el era esta vez el confinado para estar enterrado, pero la pregunta de Robert Edmann era tan clara y segura, como el alba desterrando a la luna - ¿Qué hacia y como había llegado vivo a esa tumba?, perpetuó entonces aquel día en donde todos los sueños se evocaron en su mente creyendo que era ese, su ultimo hálito de vida.
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