|
Su móvil sonó -"tengo que cambiar ese tono por otro más alegre"- y en cuanto escuchó unos segundos supo que el día iba a ser movido.
Salió disparada hacia su chaqueta y apenas cogió el paraguas al vuelo antes de dar un portazo y salir volando escaleras abajo -el ascensor, estropeado, como siempre- hacia su cita.
En la calle, un frenazo de una Combi algo destartalada le hizo considerar que debía prestar algo de atención al entorno. Aceleró.
En menos de cinco minutos los vió. El mayor la estaba mirando, los demás parecían concentrados en una dicusión. Uno de ellos, bajito y pelirrojo, sujetaba algo pesado y pequeño en su mano derecha.
|