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La luz nos cegó, pensé que todo se había terminado, que por algún motivo mi vida había desaparecido, no entendía absolutamente nada. La luz disminuyo de intensidad y volví a ver el camino de tierra que nos llevaba a casa de Gustavo.
Delante nuestro teníamos una inmensa pared que emitía una luz blanca intensa continua, pero con destellos azulados.
No entendíamos nada... nos miramos preguntándonos si lo que estábamos viendo era un sueno o era real.
En el momento que nos dimos cuenta que lo que estábamos viendo era real, empezamos a oir un ruido muy débil y lejano. Poco a poco nos fuimos dando cuenta que el sonido venía de la extraña pared que cada vez brillaba con más y más intensidad.
El sonido aumentó de tal forma que el dolor en nuestros oídos se hacía insoportable.
El miedo se apoderó de nuestro cuerpo y pensamos que lo que estábamos viviendo podía ser el principio del fin.
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