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En un callejón sin salida, un niño de unos 10 años más o menos, había acorralado a un perro chiquitín, y le tiraba piedras mientras éste gimoteaba e intentaba saltar el gran muro de piedra que le impedía el paso.
Un vagabundo se le acercó por detrás al niño, debía tener unos 45 años, con el pelo canoso, con la barba descuidada y unos ojos muy tiernos de color azul claro. Toda su ropa estaba hecha polvo, sucia y mal orienta, toda menos la capa que llevaba puesta, que era totalmente nueva, negra y desprendía un perfume aromático e irresistible. Tocaba una vieja guitarra con algunas cuerdas rotas.
- Deja en paz al animalillo- le rogó el vagabundo al chiquillo- ¿No sabes que el coco baja de su castillo para llevarse a los niños que se portan mal?
- ¡El coco no existe!
- ¡Ay, que equivocado que estás! ¿Quién crees que me regaló esta capa?
- ¿A ti te cogió el coco?
- Sí, cuando era pequeño era tan o más malo que tú, siempre estaba burlándome de todo aquel que podía, siempre estaba insultando a los débiles y un día el coco me llevó.
- ¿Y cómo es el coco?
- El coco es un monstruo de más de tres metros, pero gracias a su capa puede encoger de tamaño tanto como él deseé para meterse en cualquier sitio que no quepa, es todo peludo y negro, con dos cuernos en la cabeza tan grandes como sus colmillos, sus colmillos son parecidos a los de una morsa, por todo el cuerpo tiene pinchos que esconde y muestra a voluntad propia. Tiene una especie de radar interno para detectar donde se encuentra la maldad, es alérgico a la bondad, por eso los niños buenos permanecen a salvo de él.
- ¿Y qué hace con tantos niños?
- Tiene dos opciones o bien comérselos, o transfórmalos en cocos igual que él.
- Pero eso es ridículo, si existieran tantos cocos los adultos se habrían dado cuenta y los hubieran ido a salvar.
- El coco puede borrar pedazos de memoria de los adultos, solo los niños o los adultos que conservan alma de niño, pueden recordar todo lo relacionado con él, los demás lo olvidan, incluso hay padres que se olvidan de sus hijos una vez son secuestrados por el coco.
- ¿Y a ti te olvidaron?
- Exacto, yo fui uno de los niños secuestrados, y he pasado toda mi infancia y adolescencia persiguiendo a niños malos convertido en coco, ahora gracias a que decidí hacer algunas acciones buenas mi apariencia de coco me abandonó pero ahora estoy solo en el mundo, nadie se acuerda de mí y apenas tengo recuerdos de mi vida como humano.
- Bueno, pero ser coco debe ser divertido.
- ¿Eso crees?
El vagabundo se quitó la capa, se la puso por encima como un trapo al niñito, cuando se la retiró tenía toda la piel llena de arañazos.
- El proceso para convertirse en coco es muy doloroso, yo hubiera preferido mil veces que me comiera, lo digo sinceramente.
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