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Era increible lo que había conseguido. Nunca se hubiera imagino ser capaz de hacer algo por lo que tantos hombres antes que él habían luchado, investigado y trabajado sin éxito alguno. Pero él lo había conseguido, había creado una nave espacial capaz de superar la velocidad de la luz. Él la había bautizado como velocidad solar, pues se inspiró en el padre sol para crear ese propulsor que podría llevarlo ahí donde él quisiera. ¿Qué podía hacer? Eran muchas las cosas que se le pasaban en mente, cómo viajar por el espacio y conocer lugares nunca antes visitados por el ser humano equivocadamente llamado inteligente. Pero... sus intenciones iban más allá. Sí el había sido capaz de crear esa nave, era por algo más que viajar en el espacio, quizás era el elegido, el que debía investigar más allá y procurar transmitir los conocimientos que aprendiese a la gente de la tierra, con un pco de suerte, haría que cabiase el fatal destino que le esperaba al planeta. Su primer destino sería... marte.
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