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En uno de mis tantos viajes me encontré con la espléndida noticia, de que Dios no era lo que me había imaginado y el colectivo también, o, la idea que nos habían inpuesto por convenio y figura, esos añejos inocuos que se irguieron como sabios y última palabra.
Era pequeño de estatura, de cejas pobladas y nariz aguileña, en fin, carecía de bello parecer, de hecho era de piel cobriza, del tipo de piel que adquiere la gente que trabaja la tierra. Sus ojos tenían el cansancio de la sabiduría, de esa que conoce lo recóndito y que al conocerlo se fatiga y duele en lo escondido de aquellas miserias.
Al ver esa mirada pude entender en algún grado el dolor que traspasó hacia sí su alma.
Cási pude vislumbrar el enjambre de formas y modos de sufrimiento diverso, que experimentarón aquellos ojos. Paz infinita de todas maneras logré darme cuenta que salía de su real esencia. Creo que con esa permisión fugaz quería decír sin palabras lo que logré entender. Misión cumplida, pensé.
Búeno, por esos dias llegó a su presencia un ingreso, venido ni más ni menos que del mismisimo “ku klux klan”, un gordinflón rosadito con cara de cerdito, se sacó el capirote rojo de sangre, de inmediato se destapó, dijo ser un gran brujo con autoridad sobre diez genios, su mirada denotaba una sorpresa indescriptible mientras se dirigía al gran Señor; así, calló de rodillas sobre un oceano de lágrimas ahogándose en frente de aquella indesmentible verdad. En Tennessee y Arkansas hubo disturbios, inclusive arrestaron a la pequeña “Alicia” por contumaz junto al gato “Cheshire” en una taberna de negros por acceder a la mala.
El gordo no lo podía creer, no había vuelta atrás ya que muerto y, bien muerto estaba.
¡La lógica del hombre, no es mí logíca!, sentenció Dios, con una voz grande en potencia.
Después vino una calma relativa, que se mostraba con algo de rostro amigable.
El silencio de la ciudad era encubierto por la policía que hacía alarde con garrote.
Ésta, intimidaba como que no quería la cosa, “solapadamente”, escondida tras las faldas del juez de turno en la delegación.
La voz del pueblo no se hizo voz de Dios por el miedo que corroía en las venas de las oscuras almas blancas y negras, grises y rosáceas.
Que ha roce fuego y fusión forzada, habían de vivir. A modo de prueba y a modo de fallo.
Era la forma extravagante que había elegido Dios para que los hombres fuesen probados.
Con el color, el olor, las costumbres intolerables, con cuanta tortura imaginable de su especie había de mortificarnos. Bueno, el boleto de entrada a los lugares altos no era tan gratis no más. Como decía la vieja de mi abuela, - ¡Todo mijito no es gratis en la vida, el precio de tal privilegio, se ha de pagar, y con humildad!- Parecía una sentencia jurídica.
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