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Llevaba ya una semana trabajando en el hotel Media Luna, limpiaba las habitaciones sin inmiscuirme en la vida privada de los clientes, ni coger prestados objetos personales de los dormitorios, es verdad que algunas de mis compañeras lo hacían, pero yo pasaba, yo me callaba y seguía con mi trabajo. El hotel era bastante grande y bastante bonito, el primer día en que paseé por dentro de él creí que me iba a perder, pero afortunadamente, estaba en un error, me hice rápidamente muy bien, con las posiciones de cada habitación.
Había una habitación, concretamente la 213 a la cuál nunca había entrado, y para sorpresa mía cuando hice algunas amistades entre mis compañeras, descubrí que tampoco había entrado ninguna de ellas.
Fui a hablar con la recepcionista para ver si me podían dar la llave de esa habitación y me dijo que esa habitación, hacía años que no la alquilaba nadie y que en ningún lado estaban las llaves para abrir la puerta.
Todo era muy raro.
Pasada una semana y media, en la que todo transcurrió más o menos igual, me encontraba limpiando la habitación 212, cuando oí unos gritos que venían de la habitación de al lado. Eran la voz de una mujer y un hombre:
- Luís, tienes que creerme, no he vuelto a ver a Sebastián, de verdad.
- ¡Eres una mentirosa! ¡Ya estoy harto de que me engañes con Sebastián, con Juan o con Fulano! ¿Qué voy a tener que hacer, atarte a la cama?
- ¡No! ¡No me ates otra vez! Por favor, haré lo que pidas.
- Promesas, promesas y más promesas, siempre estás igual sino quieres estar conmigo llamaré a tu madre para decírselo.
- No, a mi madre no, ella tiene que seguir pensando que soy feliz contigo si se entera de lo contrario, me obligará a casarme con Felipe.
- ¿O sea que solo estás conmigo por no estar con Felipe?
- Bueno, yo…
- ¡Te vas a enterar de lo que es bueno!
- ¡Ay! ¡No me pegues, no me pegues, para!
Salí enseguida de la habitación, agarré el pomo de la puerta de la habitación 213 y empujé para comprobar si la podía abrir, pero no pude. Bajé a recepción para preguntar quién había alquilado la habitación y la recepcionista me contestó:
- ¿De qué estás hablando? La habitación 213 sigue vacía.
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