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Todo lo que le tenía que decir, se lo dije en aquel momento. No me lo pensé dos veces…
Le llamé por teléfono y le dije que en veinte minutos estaba en su casa, que no se moviera de allí, que tenía que hablar con él. Me preguntó preocupado si había pasado algo. Le contesté de una forma brusca: “De momento no” y colgué el teléfono. Justo en el momento que mi dedo pulsaba el botón rojo para colgar pensé que podría haberlo dejado preocupado, pero no iba a llamarlo para pedirle perdón por eso y después decirle todo lo que le tenía que decir.
El camino a su casa se me hizo muchísimo más largo que en otras ocasiones. No paraba de pensar como empezar a explicárselo todo. En varias ocasiones al cruzar la calle estuvieron a punto de atropellarme, estaba tan absorto que no veía nada de mí alrededor.
Por fin y después de 15 minutos estaba en la puerta de su casa. Miré el interfono y busqué su piso paseando mi dedo por encima de todos los timbres del edificio. Paré el dedo encima del tercero primera, dudé por un momento si ese era su piso. Seguía sin estar seguro pero decidí pulsarlo tímidamente. Sonó menos de tres segundos, pensé que si no era su piso así no molestaría tanto.
Un segundo más tarde una voz de mujer, joven por el timbre de voz, dijo un hola, muy tímido. Enseguida me di cuenta que esa no era la voz de él y tampoco la de la señora de la limpieza.
Volví a pasar mis dedos por encima de los timbres para ver si mis dedos se paraban en su piso sin tenerlo que pensar. Nuevamente mi dedo índice paró sobre el tercero primera. Llamé y después de 2 segundos interminables la voz de Luis apareció por el interfono.
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