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Llueve, llueve, llueve, llueve…
Nuevamente es viernes y nuevamente está lloviendo. Yo no se si es casualidad o por el hecho de querer hacer cosas pensamos que siempre llueve mucho más en fin de semana que entre semana. Pero sea así o no, da mucha rabia que llegue el fin de semana y esté nublado, haga frío o llueva.
Este fin de semana pensaba que sería el primero que podría ir a la playa a caminar tranquilamente mientras me daba un poco el sol, pero por las nubes que había y por lo que había llovido durante el día, me parece que tendría que volver a cambiar de planes y a mí eso, era una de las cosas que más odiaba hacer.
Me parece que lo mejor de todo sería salir esta noche a tomarme algo con los amigos, como casi todos los viernes y después el sábado, levantarme e improvisar tal y como hacía siempre.
Cuando me metía en la cama eran ya las tres de la madrugada y como no sabía que hacer el sábado por la mañana, puse el despertador, ni muy temprano, ni muy tarde, pensé que a eso de las 11 ya estaría bien.
Sonó el despertador, me levanté, me dirigí hacia la ventana y levanté la persiana poco a poco para ver que sorpresa me deparaba el día...
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