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Que alegría, me llevé, cuando recibí la llamada de Cristian un viejo conocido, diciéndome que mañana comenzaba a trabajar en su empresa. Había dejado mi curriculum y me habían seleccionado. Después de tanto tiempo nos volvemos a encontrar, ¿que suerte? Enseguida lo llamé para darle las gracias e invitarle a unas copas en una taberna cercana a su casa esa noche y de paso charlar de nuestras vidas.
Cristian trabajaba en una empresa dedicada a fabricar muebles y entre otras cosas ataúdes, e iban a abrir un nuevo almacén...
Tras medio emborracharnos con whisky de doce años (la ocasión lo merecía ¿o no?)
me despedí de él y me dirigí a mi casa. Una pregunta rondaba mi cabeza mientras abría el portal... ¿Que significaba que yo sería un "iniciado"? No le dí importancia a las posibles respuestas y aquella noche dormí de maravilla, normal, debido a mi estado... Por cierto yo también empezaría de noche, el día siguiente.
Me levanté y el agua de la botella se deslizaba por mi garganta, como una gran catarata, parecía que me estaban taladrando la cabeza por el dolor que tenía.
Era un manojo de nervios, suena el teléfono y en el contestador se oye la voz dulce de una joven:
"Rubyn Laniz, le llamo desde "Maderas Eternity", le comunico que esta noche su turno de trabajo es de 22 a 6 horas, pasee por las oficinas para hacer las gestiones pertinentes, gracias, buenos días".
Me dirigí rápidamente a las oficinas del que sería mi nuevo lugar de trabajo, dio la casualidad de que por allí pasara una furgoneta con el logotipo y el nombre de la empresa, un rostro inquietante y otro completamente feliz y un lema que a cualquiera le pondría los pelos de punta:"La muerte es el principio de una nueva vida..."
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