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Un día como cualquiera, Sebastián (Y no Sebastián), estaba en el jardín de su hermosa casa victoriana, tomando un aperitivo con sus amigos. Era domingo, de eso no cabía la menor duda, estaban todos juntos en la sala principal, pasando un buen rato.
Siguieron tomando y hablando en un dialecto extrañamente variado porque ellos habitaban en Inglaterra, en York, la tan culta ciudad británica.
Comenzaron a hablar de la historia de su país, palabra tras palabra, todo se desvaneció en un maremágnum de peleas y discusiones (todos eran seguidores de la historia universal). En medio de este problema, se les ocurre ir a visitar algún museo que les pudiera sacar las dudas y los problemas que discurrían entre ellos y, como provenían de familias pudientes, se decidieron ir a museos de todo el mundo, viendo las diferencias entre uno y otro, lo que pasa es que no se imaginaban lo que pasaría...
Primeramente, fueron a Escocia y sus museos, empezaron a darse cuenta de que alguien les estaba controlando el paso. Siguieron investigando y descubriendo secretos de la historia universal.
Cuando estaban en Grecia, fueron a la Acrópolis ateniense y quedaron maravillados por el esplendor y belleza perpetua que mostraba. Mientras estaban tratando de decodificar algo en griego antiguo que estaba escrito en un muro del Erecteion con un nativo, alguien se acerca y les dice: "¿No le gustaría volver al país de los muertos para preguntarle al que hizo este edificio lo que significa?
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