|
El 30 de octubre de 2003, a las 11:30 de la noche, me encontraba trabajando en mi computadora, dentro del departamento que en ese tiempo rentaba; no vivía nadie conmigo; ya había roto relaciones con la última mujer con quien traté de formar un hogar; sin embargo, ella no se adaptó a mi forma de vida y me dejó. Me abandonó llevándose a nuestra hija, que en ese año contaba con cinco años de edad. En ese momento apareció una figura muy conocida por mí: mi madre. Se pasó hasta donde yo estaba trabajando y me abrazó y me besó; también yo la abracé y la besé en la frente, en las mejillas. La puerta de mi departamento la tenía abierta, para que se ventilara un poco por dentro. Así la dejé. Pero mi madre me pidió que la cerrara, pues no quería que nadie nos molestara, pues quería platicar largo y tendido conmigo. Así lo hice y ella se sentó a mi lado, pues había una silla disponible.
Y me dijo:
- Cuéntame, qué ha sido de tu vida, ya teníamos muchos años que no nos veíamos.
- Sí, verdad? Pues mira, Silvia se separó de mí, llevándose a nuestras tres hijas. Se juntó con otro hombre y de esta unión tuvo dos niños más. Vive actualmente separada de su viejo, se llevó también a sus dos hijos y a sus hijas, en la ciudad de Colima, Colima. Están bien, con los problemas cotidianos de todo mundo, trabajar para sobrevivir y educar a los hijos. Yo me volví a juntar con otra mujer, Teresa, sí la conociste, me pidió que me casara con ella por lo civil y por la Iglesia, ya que quería saber qué se siente, pues aunque tenía una hija cuando se unió conmigo, no se había casado nunca. Le cumplí el gusto, también para saber qué se sentía, pues tampoco yo me había casado con ninguna. Con la anterior sólo fue Unión Libre. Teresa me dio el hijo que tanto anhelaba. Tú sabes que con Silvia sólo tuvimos hijas, pero no hijos. Así que fui feliz cuando supe que había nacido un hijo. El que llevaría mi apellido, también el de mi padre, para que nuestra raíz no se extinguiera. Para que el apellido Trujillo prevaleciera muchos años más.
Con la esperanza que éste a su vez tenga más hijos y así sucesivamente. Sin embargo, por mi manera de ser, de sentir, de pensar, de actuar con ella, pues no hubo compatibilidad de caracteres; también ella empezó a desentenderse del hogar, se fue a trabajar en otro lado; empezó a conocer nuevas amistades y por fin, nos separamos, cada quién siguió su camino. Mi hijo, que nació en el ochenta, cuenta actualmente con 23 años de edad. Ya es todo un hombrecito. Ha sufrido mucho el pobre el abandono de ambos, pues yo caí en la desgracia. Después de haberle dado todo a mi hijo, por mi vida ingobernable e irresponsable de vivir, provoqué que él pasara unos años de arrimado con sus primos, se fue a vivir con una hermana de su madre; luego se fue a vivir solo una larga temporada en Vallarta, Jalisco; sólo; a mí me hacía mucha falta su compañía, pero él se resistía a regresar conmigo, a vivir solos, quería que su madre y yo estuviésemos unidos; pero ya no se pudo. El caso es que mi hijo ha luchado por sobrevivir, aunque ha pasado hambres y soledad, que también ha sabido superar. Por fin se llegó el divorcio entre su madre y yo. Menos fue posible unirnos de nuevo. Así que ya estamos resignados que seguir nuestro camino cada quien, como cualquier otro ser humano en este mundo. Y para acabarla de regar, madre, me volví a casar, con una mujer a la cual le doblo la edad. Pero igual no supe tratarla, comprenderla, amarla, consolarla, nuestros caracteres fueron incompatibles y vino la separación. Ella se fue y se llevó a nuestra pequeña hija. Ya se dónde vive ésta y de vez en cuando voy a visitarla. Está bien, también, luchando por la vida y estudiando su primaria.
- Ay, hijo, nunca sentaste cabeza, nunca echaste raíces con ninguna mujer. Pero bueno, esa vida te tocó. Pero no pierdas el ánimo, ten fe en Dios, ruégale a Él que te dé la tranquilidad de espíritu que tú necesitas.
- Bueno, madre y tú dónde has estado.
- Yo vivo muy feliz ahora, muy contenta. Algún día te unirás a mí. Pronto tu padre se va a juntar conmigo para que también descanse en paz. Y ya me voy porque tengo muchas visitas qué hacer. Cuídate mucho. Ora mucho. Dios te escuchará. A Él le gusta las oraciones.
- Está bien, madre, dame tu bendición.
Ella me dio su bendición, me abrazó, yo la besé y también ella y salió por donde había entrado, abriéndole yo la puerta.
Me quedé con una paz, con una tranquilidad indescriptible. Apagué la computadora en la que estaba trabajando y me fui a dormir en paz conmigo mismo y satisfecho y feliz porque mi madre me había visitado.
Me quedé pensando en lo que me dijo "Pronto tu padre se va a juntar conmigo para que también descanse en paz". Esto me hizo reflexionar, sí eso es, mi padre pronto va a morir para reunirse con ella en el más allá. Pues resulta que mi madre murió el 2 de Agosto de 1992. 11 años antes de esta reunión que se llevó a cabo el 30 de Octubre del 2003.
Todo esto se lo platiqué a una persona que se dedica a interpretar los sueños y me dijo que yo había soñado, pero que en realidad puede ser posible que mi madre me haya visitado verdaderamente.
Nada es verdad ni nada es mentira, todo es según el cristal con que se mira.
|