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Título: Violado y mancillado
Estilo: Ciencia ficción
 
 
Introducción
 

Autor: ELTAPATIO2


Después de haber vivido con mi esposa durante más de cinco años, durante los cuales tuvimos un hijo, que a la fecha cuenta con una edad de 25 años. Este hijo para mí fue el esperado por muchos años, sólo había podido procrear sólo hijas. Tres, muy lindas, cariñosas, obedientes, las quise, las quiero y siempre tendrán mi amor paternal sincero; sin embargo, y hablando de sinceridad, me faltaba algo en la vida: un hijo, varón, para sentirme completo, realizado. Lo tuvimos, gracias a Dios, desde su nacimiento fue muy sano, muy inteligente. El niño creció y cuando tenía 8 años de edad, su madre se fue, me abandonó, llevándose a mi hijo con ella. Fueron muchas noches de insomnio, me falta algo para vivir, mi hijo.

Una noche como muchas otras salí a buscarla; para que me devolviera a mi hijo. Me fui en mi carro, sin rumbo fijo, llegué a las orillas de la ciudad, en una población desconocida para mí; no sabía ni cómo se llamaba la colonia. No sé por qué motivo se me antojó llegar a una taberna de mala muerte. Entré y me senté, pedí una cerveza, la mesera se fue y al voltear hacia los lados, observé una cara conocida, una persona que era nada menos que mi mujer, la madre de mi hijo, sentada con otras dos mujeres enfrente de mi mesa. Ella se sorprendió en cuanto me vio, se levantó como impulsada por un resorte e inmediatamente se dirigió a mí.
Hola, Humberto, cómo estás?
- Cómo quieres que esté, ¿dónde está nuestro hijo?
Pues no sé. Tengo varios días buscándolo y no lo encuentro. Un día se fue diciéndome que se iba a jugar con no sé quién, no recuerdo, y desde entonces no lo veo. Estoy muy preocupada por él. No sé dónde esté. Qué bueno que me encontraste. Ayúdame a buscarlo, por favor.
- Claro que lo vamos a buscar, inmediatamente. Vámonos.
La tomé del brazo y nos dirigimos a la puerta de salida, donde estaba un vigilante, que trató de detener a mi esposa; pues trabajaba en esa piquera. La jaló del brazo y le dijo que ella no se podía ir.
- Cómo de que no. Suéltala.
Le puse un puñetazo en el ocico. Con tal fuerza que cayó al suelo, sangrando, como que le tumbé un par de dientes. Sin hacer caso del caído nos fuimos. La subí al carro y de inmediato partimos sin rumbo fijo. Miraba yo las casas, los edificios, eran casi ruinas, sus construcciones eran muy corrientes y ya muy acabadas por el tiempo. ¿Dónde podría estar mi hijo?
- Piensa qué amigos frecuentaba, dónde viven, quién te puede dar razón.
No se me ocurre nada, pues siempre se salía el solo y volvía solo, no sabía con quién jugaba ni donde estaba.
- Pues sí, nunca te ha importado su vida, no sé por qué motivo te lo trajiste, me lo hubieras dejado a mí, hubiera estado más cuidado y seguro.
Mira, allí está un hospital, tal vez preguntado por él nos den razón.
- Bien, vamos, deja le echo una ojeada, no te bajes. Aquí espérame.
Era un hospital tipo Hospital Civil de Guadalajara (el viejo), recorrí sus pasillos y no veía más que adultos, mujeres y hombres, deambulando como zombis. Yo buscaba una figura infantil, de 8 años de edad; mas no encontraba nada. De pronto a lo lejos la descubrí. Sí, se parece. Al pasar por una especie de fuente o lo que quedó de ella, estaban unos vigilantes, con los uniformes muy usados, jugando baraja y tomando cerveza. Escuché que uno le dijo a otro: Oye, Güero, ya no te han caído nenes, verdad? No pues. Yo seguí de largo, procurando no perder de vista aquella figurita. Llegué a su lado, le di la vuelta hacia mí. Sí, era mi hijo.

Lo abracé, lo besé. Le dije: Hijo, mírame, soy yo, tu papi. Él no respondía nada, su mirada estaba ausente, su mente como en blanco, parecía como hipnotizado.
Lo abracé y me lo llevé con rumbo al carro.

Al pasar de nuevo con los vigilante, escuché: Mira, güero, ya se llevan a tu amor, jajajaj
Al que le dijeron güero, contestó: No importa, ya vendrán más, jajaja.

A mi mente vinieron las conjeturas, sí ellos lo habían mancillado, lo habían violado. A MI HIJO LO VIOLARON, pensé, esos pendejos fueron. Lo deposité a un lado de con su madre, en el carro, y le dije: Cuídalo, con tu vida me respondes de que no se vaya a perder de nuevo. Ahora vuelvo.

Llegué directo con los vigilantes y agarré al güero por el pelo de la cabeza, lo levanté y le puse un puñetazo en el ocico, fuerte, seco, que lo tumbó al suelo. Otro de sus compañeros preguntó: eh, por qué le pegas.
- Soy el padre del niño que me llevé, el "amor" del güero. Ustedes lo violaron, y lo van a pagar caro.

Di dos pasos y alcancé al que se paró y preguntó, también golpeándole la cara. El güero se quiso parar y lo levanté con una patada en la cara, pero volvió a caer al suelo. Lo mismo hizo el otro y también recibió la misma dosis. Una y otra vez los dos fueron golpeados por mis puños y pies. Los otros dos que estaban con ellos sólo miraban, no se metían conmigo, puesto que ellos no sabían nada del asunto. Supuse. Comentó uno: Sí dales, merecido se lo tienen, son uno canallas.

Me fui rápido hacia el carro, lo encendí y nos fuimos directos a un verdadero hospital para que mi hijo recibiera las atenciones médicas que necesitaba, incluyendo la terapia de un psicólogo. Se recuperó rápido y pronto nos reconoció. Recuperó su estado normal. GRACIAS A DIOS.

 
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