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Al bajar las escaleras sintió mucha nostalgia y recordó todo lo que había hecho allí, en esos pasillos. Sintió la brisa del mar y se percato de la música a su derredor. Siguió caminando y por un momento, pensó en nunca parar, pero debía regresar.
Subió las escaleras y lo busco a él. Era como su padre. Al verlo recordó todos sus maltratos. No había huellas en su cuerpo.
Sólo existían en su mente. Para él, ella era una mujerzuela, una más en el grupo de las fáciles que ni siquiera se venden sino que se regalan al primer afortunado que se atraviese en su andar. Ella había sufrido mucho. Sufría en el silencio, sufría en su verdad pues para él. Ella era una mentira. Su vida era como viaje a través del infierno, sólo represiones, intrigas y golpes; golpes al alma y al corazón. Él, al verla empezó a caminar hacia ella, la tomó por el brazo y coloco un suave beso en su frente.
Ella sólo lo miró. Sabía que se irían de allí pero estaba consciente de que las cosas nunca iban a ser mejores. Ella ya había empezado su viaje, pues, como ya lo dije, debía regresar. Nunca antes había sentido tanta paz. Desde que lo conoció a él, no había vuelto a sentir paz, y disfruto mucho al verlo llorar postrado al lado de su cuerpo.
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