|
Wilson salió a dar su paseo acostumbrado a las seis de la mañana. Cruzó la calle siguiendo la humedad del pasto. Hundió sus ligeras patas en el color cajeta del suelo. Sacudiendo su cuerpo en la esperanza de espabilar las últimas neuronas del sueño. El aspersor del jardín prodigo una ligera llovizna invitándolo a la esquina del mundo, eclipsada en aromas de l e t r a s, comunidades subterráneas de versos, miradas fantásticas de espejos-catárticos. En el seno, una pelota de fuego se enamoraba de lagunas... mentales eran los ojos del asombro.
Como Alicia bajo el manzano de Adán y Eva, Wilson, era tentado en las ideas de macuaco, bailando en los cuentos de Quiroga, vestido de mar, de peces. Marionetas de cabello seducían sus garras a la espalda del verano. Salió el conejo con su reloj de arena para tocar sus aguas. Oh! disco de blues giras dándole vida a las estrellas. Se repetía su pupila enrojecida.
En el asfalto-imagen, Isaac, parloteaba con el aire un monologo, observaba de reojo a Wilson en su idilio de nombres-hombres-animales, todos, varados en el río "diluvio". Una rana dio un salto y cayó príncipe, le pusieron ladyCarlos, tenía ojos de buey, joroba de camello, patas de es-cara-bajo, en tiempo, solo disfruto un paso de rasguño. Una hoja se desprendió del manzano con su cara dibujada, cayendo al agua se esfumo su rostro. Al observarlo, Isaac, no resistió sacar su calculadora, haciendo sumas en cantidad de cuadros por segundo, nombró al instante relatividad, hizo un esquema y salió Dorian Gray con sonrisa de mona lisa. Wilson espantado, se meneaba coqueto a los anteojos grafiteados de rayos, bigotes de escobeta, con tal de salvar sus pulgas del pincel maniqueo y firmaba las postales ilustradas del "Hommo Sapiens".
Un café, tres pasteles, quinientos swings colgados del chocolate, bateaban el azúcar pestaña del sol. Un gallo en cadilac pitaba a la casa de Morfeo. Nada nuevo anunciaba la comezón de su vientre, por dentro el hambre matutina, por fuera las pulgas bailando al son de grillos. Babeaba. Fiuuuu, fiuuuuu… Wilson mordía a Alicia del hombro mientras… ¡Pinche perro de mierda!, otra vez te measte en mi revista, cabrón, suéltala.
|