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Título: Los astros de Verus
Estilo: Fantásticas
 
 
Introducción
 

Autor: deva


Era un lluviosa mañana de Marzo y, como todos los lunes solo un muchacho rompía la armoniosa melodía que producían las gotas al caer.

El joven caminaba apresuradamente, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, completamente empapado y con una mueca de resignación en el rostro. No aparentaba menos de veinte años, con la melena despeinada, la barba descuidada, los ojos cansados, la ropa desgastada y la mirada perdida.

Nada en aquel muchacho hacia suponer que tenía dieciocho años y se dirigía, como todos los días, a su clase de segundo de bachillerato. El muchacho caminaba mirándose a los pies, odiaba aquel colegio, y en conclusión todos, se sentía extraño con la gente, y sus compañeros no hacían nada para mejorar la situación, todos murmuraban sobre su vida o se reían de el, y eso si sabían que existía, además tampoco era un as en los estudios y su familia… prefería no pensar en su familia, no era un recuerdo agradable. Un par de calles después, llego a la plaza donde se ubicaba el colegio, el muchacho se quedó boquiabierto, había un hombre mirando al techo del colegio pero no fue el echo de que estuviera allí lo que le llamo la atención, si no la ropa que llevaba, un sombrero tres picos, una gabardina negra y unas botas con pinchos.

El joven estaba perplejo, jamás había visto un personaje semejante, exceptuando las películas de ficción. De pronto le llego el sonido como de un ratón aplastado, como no, bajo los pórticos de la entrada, un corrillo de chicas señalaba al hombre del sombrero y se reía de forma estridente, el muchacho puso los ojos en blanco y se encaminó al edificio. Pronto llegó a una puerta de metal azul celeste idéntica a las que había pasado ya. El aula estaba repleta de estudiantes, incluso el profesor estaba acomodado en su mesa revisando sus papeles, el joven se dirigió a su pupitre sin hacer ruido, intentando pasar desapercibido en la multitud. Unos instantes mas tarde sonó el timbre que anunciaba el comienzo de las clases, ruidosamente los alumnos fueron sacando sus libros, el profesor se dirigió a la pizarra cuando de repente, alguien rompió una ventana y una chica aterrizó de pie sobre la mesa de nuestro muchacho, nadie dijo nada, todos estaban demasiado aterrorizados para gritar:
_ Perdona, esto… ¿Cómo te llamas?

Preguntó la chica, tendría dieciocho años lo máximo y parecía haber salido del mismo sitio que aquel joven de la plaza, vestía una camiseta ajustada y un pantalón ancho de cadera metido por las botas de pinchos, en realidad no parecía peligrosa, pero sus rasgos eran en verdad extraños, la piel negra, el pelo largo y plateado, los ojos de color espliego y un inmenso tatuaje plateado en la espalda.
_Donne.
Balbuceo el muchacho cohibido.
_Pues perdona Donne.
_Fuera de mi clase, ahora mismo voy a llamar a las autoridades.
Intervino el profesor con las gafas descolocadas y amenazando a la chica con un teléfono móvil.

De pronto la muchacha dejó de sonreír y se dirigió al profesor con actitud suplicante:
_No por favor no llame a nadie, solo será un momento, tengo que haceros unas preguntas, por favor.
El tutor respiro hondo y guardo el teléfono mientras le indicaba a la chica que procediera. Esta bajó de un salto de la mesa del chico y se dirigió a la tarima haciendo crujir los cristales rotos bajo las botas.

_Bien, ¿Alguno de vosotros tiene, ehjm, extrañas aptitudes?
Antes de que nadie pudiera contestar, alguien abrió la puerta de una patada. Todos los presentes, menos la chica que había entrado por la ventana, ahogaron un grito, allí estaba el hombre de la plaza sujetando dos cuerpos ensangrentados.

_ ¡Pero que has hecho imbécil! ¿Esto es para ti no llamar la atención?
Vocifero la extraña joven al que acababa de hacer su aparición.
El hombre tiró los cuerpos al suelo y resopló.
_Yo no he entrado por la ventana.
_ ¿Cuántos cuerpos ves a mis pies?
El hombre puso los brazos en jarra y negó con la cabeza.
_Bueno, ¿has descubierto algo?
_Estaba preguntándoles ahora.
_Déjame a mi anda.

De pronto el hombre de la gabardina saco dos impresionantes catanas de los pliegues e su gabardina y se dirigió a la clase:
_ ¿Alguno de vosotros hace cosas que le parezcan sobrenaturales?
Antes de que los alumnos pudieran responder alguien gritó desde el umbral de la puerta:
_ ¡Tiren las armas, contra la pared!

Dos policías apuntaban temblorosamente a dos chicos, la muchacha miro al profesor que de nuevo sostenía el teléfono móvil.

Donne observaba atónito la escena cuando sintió un pinchazo en la mano, se había clavado un cristal en el dorso y sangraba considerablemente. De repente se dio cuenta de que el hombre del sombrero lo miraba fijamente.

_Coge a ese chico y lárgate, yo me ocupo de ellos.
A Donne le dio un vuelco al corazón, ¿le estaba señalando a él o eran imaginaciones suyas? Pero el muchacho no pudo decir nada más, por que justo después de pronunciar estas palabras el hombre arremetió contra los policías, espadas en mano, se oyeron disparos:
_ ¡Neo!

 
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