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DOG-MATISMO
 

Título: Dicen que en la capital es mejor
Estilo: Aventuras
 
 
Introducción
 

Autor: mantarraya


En una vieja casa de un barrio pobre en la ciudad, vive desde hace muchos años un hombre extraño, solitario y silencioso. Es Teodoro Watson, un caribeño de unos 50 años.

El viejo Watson, como lo conocen los vecinos, había migrado hacia la ciudad cuando joven buscando un mejor empleo. Se vino a la ciudad cuando tenía escasos dieciséis años, para no vivir de la pesca improductiva que no dejaba ninguna ganancia a sus padres, tíos y abuelos. Seis generaciones de la familia Watson habían crecido en la costa y todos se habían dedicado, generación tras generación, a la pesca para vivir. Pero él sabía, él había escuchado, que en la capital la vida era distinta. Ahí si había plata!
Carlos, el hijo mayor de sus vecinos, los Mayorga, se había ido a trabajar a la capital hacía un par de años y venía a visitarlos de vez en cuando. Ya tenía su propia motocicleta, y con lo que ganaba allá le alcanzaba para vivir y además ayudar a su familia. Con los otros muchachillos del barrio se sentaba a escucharlo contar de las luces y los autos y cómo la gente estrenaba ropa y hacía fiestas, y la capital parecía un sitio de ensueño.

Teodoro alimentó sus ilusiones y un buen día tomó todas sus pocas pertenencias y se fue de casa sin decir nada, cuando el sol aún ni se asomaba. Ya había hablado con Carlos Mayorga para que lo llevara en su moto. El lo iba a alojar con él y otros amigos por unos días mientras conseguían empleo. Hubiese querido dejarles una nota a sus padres explicando por qué se iba, pero no sabía leer ni escribir. Sin que nadie supiera nada, se fue y no dejó rastro alguno de su paradero. Pensaba en volver un día con mucho dinero y ayudarle a sus padres que se la veían a palitos alimentándolo a él y a sus seis hermanos.

Para cuando el sol ascendió y la luz cubrió la costa, la ausencia en el cuarto que compartía con sus hermanos se esparció por la casa. Su madre lloró desconsolada, y su padre enfurecido salió y corrió hasta el final del polvoriento camino que salía del pueblo, pero Teodoro ya estaba a muchos kilómetros del único lugar que había conocido toda su vida. Iba en busca de su libertad.

 
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