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Angélica andaba cerca del muelle, por el paseo del parque junto a las totoras de la rivera de la laguna. Fluía el atardecer del verano, susurraba la brisa una legendaria y oculta oleada indescriptible de ensoñación. Voces rituales que llegan al corazón con pequeñas oleadas del lago que llegan a la orilla.
Nacía un instante en cada paso del Sol en lo alto. Ella cruza por esa la luz ,su sombra la sigue terrenal, mientras bajaba del cielo un celeste aureal. Detrás del totoral se escuchaba el graznido de los cisnes atravesaba su espacio y el manantial del lago. Ganaba con su juventud, el tiempo y el espacio que se desvanecían para dar paso a una presencia sin tiempo, flotaba en la tarde su vestido floreado.
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