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Título: Una noche de esas
Estilo: Aventuras
 
 
Introducción
 

Autor: Ekc


Despacio, comencé a recorrer las calles de la ciudad, sin más rumbo que el que podría elegir el oleaje del mar. Existe cierta peculiaridad en aquellas amplias aceras que al contacto con la luz de las lámparas recreaban idilios incesantes, ensueños al por mayor que producían en mí una especie de éxtasis involuntario. Es como si salir a caminar de noche formara parte de un plan necesario.

Iba observando cada pequeño detalle. El haz de luz neón que recorría el aire para irse a posar sobre el estante de una vidriera, los ligeros desperfectos del pavimento, la desperfecta descomposición de luces que producían sin fines de reflejos multicolores, las sombras desproporcionadas que cruzaban rápidamente para perderse súbitamente en nuevas sombras. Fueron esas mismas sombras las que captaron mi atención en ese preciso momento. Observé que un juego de sombras parecían no desaparecer. Después de quince pasos volteé la mirada para comprobar que un par de individuos me perseguían.

Continué caminando más de prisa, percibiendo que las sombras seguían el paso. Crucé la calle sin precaución, intentando que algún carro me sirviera de escudo. El plan no funcionó, por lo que busqué una esquina que me resultase familiar para cruzar sobre ella. Inconscientemente aceleré el paso. El sobresalto comenzaba a apoderarse de mí. El aire se tornaba denso y los zapatos comenzaban a apretar. Recorrí visualmente cada rincón, cada ángulo de luz, cada persona que pasaba desapercibida de lo que ocurría, la velocidad de los coches, calculando todos mis posibles movimientos. Las dos figuras continuaban cinco pasos tras de mí, como grandes extensiones de mi cuerpo. Casi me imaginaba se habían convertido en parte de mi propia sombra.

Me guié por mi instinto, cruzando nuevamente la calle. Ya exaltado, creí reconocer algo conocido. Efectivamente, ahí estaba la juguetería a la que iba cuando era niño. Sabía que a un par de cuadras encontraría un callejón donde solíamos jugar a las escondidas a la salida del colegio. Si aún lo recuerdo con exactitud, no se me dificultará encontrar el camuflaje perfecto, pensé. En esos momentos, prácticamente corría. Los dos sujetos habían perdido terreno aunque aún no lo suficiente. Mi respiración era entrecortada y desigual. Sentía que las cuadras se alargaban como por voluntad propia. Finalmente llegué a la esquina en la que me había propuesto de antemano cruzar. Lo hice con tal velocidad que no percibí hasta ya muy tarde mi error. Me equivoqué de pasaje hacia uno sin salida. Volteé de súbito y vi las dos siluetas esperándome, calculando cuál sería mi próximo movimiento.

 
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