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Me desperté temprano, en casa de mi novia después de una íntima velada de San Valentín.
Por la mañana todo son prisas, sobre todo cuando acostumbrados ambos a vivir solos, encuentras que tu rutina se ve afectada por la coexistencia de otra persona. Ducha rápida, arreglos y retoques rápidos, desayunos separados e igualmente fugaces.
El problema era que mi novia debe salir de su casa a las 7 y media para poder llegar a su hora al trabajo. Por mi parte, en un cuarto de hora llego puntual. Salimos a menos veinte. Ella con todas las prisas del mundo. Yo tranquilo y satisfecho por esa maravillosa velada y por el hecho de sentirme amado, querido y valorado. Que bonita sensación.
En diéz minutos estaba entrando al trabajo. La luces aún permanecían sin estar del todo encendidas. Por primera vez, fui el primero en llegar del departamento...
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