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Cuando era chica no me interesaba saber porque mi mejor amigo Roberto siempre escogía la barbie para jugar a la parejita. Era un chavito bien chevere que hacía las mejores imitaciones de la protagonista de la novela estelar del momento "Agujetas de Color de Rosa". Yo siempre pensé que el quería ser como José María Torres, Saúl Lizazo o Fernando Colunga, pues cada que yo demostraba mi voraz interés por tales individuos él repetía que también le parecían atractivos y bastante cheveres, pero supuse que el énfasis que le daba con los ojitos brillosos era solo para seguirme el juego a mi.
Cuando cumplimos los 18 años se convirtió en un machazo de miedo. Atractivo siempre con el pelo crespo arreglado, alto de 1.80m la camisa desfajada y el pantalón ajustadito de la prepa que dejaba ver sus buenos atributos de ambos lados, digo, no es que yo me diera cuenta, pero mis amigas siempre platicaban de aquello.
A mi parecer, nunca jamás había tenido tendencias raritas, de esas que los cabros tiran a primera instancia de su adolescencia. Se le compuso el caminado apretadito que le seguía de chavito y engruesó la voz como wey que se hecha un buen tucho de marihuana en cierto lapso de su vida.
Para aquellos días de la prepa el Roberto me había llamado bastante la atención. Nos habíamos distanciado un poco porque no le gustaba compartir sus amistades varones con chicas. Aunque estando a solas, conmigo, siempre fue un divino.
Llegando la fecha del prom, el cholo me saco de clase y me dijo que no quería tener a nadie más de pareja que yo. Me sentí en las nubes de pensar que iría con el chaval más guapo de la prepa. Cotizado el hombre; cotizaría mis huesitos. Bueno, igual me gustaba ir con él porque era mi amigo, digo. La cuestión era, que fue siempre de lo más romántico conmigo.
- ¡Que pues, bicho! - me saludó aquella vez - ¿Si vas al baile de fin de curso conmigo?
Nunca me había gustado soltar la moral tan rápido frente a un chico; así que me hice la difícil.
- !Ay pensé que nunca lo dirías! Hoy estoy de suerte
- Vale, que linda. ¿Te importa si llevamos a unos amigos en la "limocín"? Queremos aprovechar el viaje y cooperarnos para las birrias y la gasolina
- Yo te presto dinero si quieres
- Vale, me sirve, bicho. Paso por ti a las 9, ah? -
- Si, si. Ok. Me late
La cosa fue que paso super temprano por mí. Mi madre le dio acceso hasta mi cuarto como siempre y el chaval entró sin tocar. Me agarró a media puesta de vestido y se cagó de la risa al ver mi cara roja de vergüenza... y más que eso.
- ¡Qué pues, bicho! ¿Qué no estabas lista ya?
- No seas jalado, beto. Toca antes de entrar
- Ya pues, vamos que no vi nada.
Y con la cara de tomate pasé la peor vergüenza que cualquier chica puede pasar frente al chaval de sus sueños.
Esa misma noche, los amigos de Roberto se pasaron las horas molestándolo conmigo. Lo que dio resultado que al final de la noche el Betito me llegara.
Yo como siempre, guardando la moral...
- Si, como no. Ash, que lindo. Eres un divino. Desde niña me gustabas. Estás super cuero. Bueno, eso dicen mis amigas. Si me encantaría ser tu novia
- Sale bichito. Gracias por tus elogios
- ¿Oye, y no me vas a dar un besito?
- Este, aquí me da pena. Mejor al ratito, bicho. Al ratito.
Su "al ratito" duro mucho tiempo mientras andábamos. Inclusive entramos a la Universidad y solo me daba beso de piquito. Eso y además, que no solía ponerme la misma atención que los novios de mis amigas le prestaban a ellas.
Entonces mi "yo investigadora" surgió dentro de mi. Comencé a pensar que Betito me engañaba con alguna chica de mundo que fuera tan guapa como él y un poco más inteligente que yo, porque lo guapa no me faltaba nadita.
Una noche de Abril lo seguí desde su Depto. y aunque no lo vi salir físicamente a él, seguí su coche que, a duras vistas, se alcanzaba a ver quién iba dentro.
Mi sorpresa se vino a dar cuando encuentro al desgraciado pidiendo parada en una de las calles bajas de barrio donde se juntan los mosquetes (maricones) a levantar cliente. Llevaba un vestido apretadito y caminaba como lo hacía de chiquito. Una peluca negra larga como su cabello crespo y por si fuera poco, la bolsa que había dejado olvidada en su departamento un día de estudio.
Para esta escena, traté de hacer mi impresión la más serena...
- ¿¡Que haces aquí, bruto!? ¿Qué es esto? ¡Y mi bolsa, tarado! Te la había pedido desde hace tiempo.
- Bichito, no te esponjes - Le dijo Roberto al verla llegar asombrada
- ¿Por esto nada más me das besitos de piquito? Estás mal, Roberto
- Rubí para las amigas - se acercó un negro alto y corpulento vestido de mujer.
- ¿Qué te pasa, beto? - le dije -
Me alejó de la multitud y se quitó la peluca.
- Bicho, esto es trabajo de medio tiempo.
- ¿Te gusta?
- No en teoría, pero soy homosexual...
- ¡¿Homosexual?! - gritó ella - Por Dios, beto, eso es pecado.
- ¿Cómo crees? Claro que no
- ¿Y si por estar contigo yo también estoy pecando?
- No te vayas a poner a rezar, Laura
- Padre nuestro que estas en el cielo...
- No es pecado, ni trauma psicológico. Me gusta ser como soy.
- ¿Y si mañana amanezco lesbiana?
- ¿Cómo vas a amanecer lesbiana? Esas tendencias aparecen a temprana edad
- ¿Pero tu nunca tuviste tendencias gays?
Aquella vez Roberto se me quedó viendo como si yo acabara de decir una tontería.
Y, de hecho, acababa de decir una estupidez.
En fin que la situación me provocó nauseas. El chaval inclusive traía mi lipstick favorito y lo peor vino a pasar cuando...
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