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Era el mes de noviembre, cuando el viento helado corta a tajos los sueños que por momentos calientan el corazón, era el momento perfecto. Te recuerdo tan bien que algunas veces dudo que el tiempo haya pasado, recuerdo tu pelo color trigo y esa sonrisa que sin pedir permiso me acerco a ti, y me alejo de ella.
Te veía más de una vez por día, algunas veces por coincidencia, te convertiste en el norte de mis pasos, mi destino necesario. En ti parecía tomar sentido mi vida, los paseos en bicicleta, las platicas vespertinas y las miradas nocturnas al pasar por tu casa, las tantas veces intente sujetarte con mis palabras y nunca soltarte, y el sabor de no sentirte propia al morir el día.
Era el momento perfecto, recuerdo que lo sabía, el momento en que ella y el se desvanecían entre nosotros, el momento en que sus cuerpos se hacían invisibles entre nuestras miradas, el viento solo acarreaba tu palabras, y mi corazón solo escuchaba tus latidos. Eras todo lo que podía pedir, y algunas veces lo único que pido, eras mi futuro en el presente, el mejor presente del futuro.
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